Ayres de Esperanza, la asociación que busca ayudar a los más vulnerables
- Agustina Torino

- 26 abr 2019
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Por Agustina Sol Torino
“Llegamos mamá, es acá, dale entremos”, gritó entusiasmado Mario, un niño de 4 años que fue recibido en Ayres de Esperanza hace meses atrás.
La asociación sin fines de lucro impacta al mirarla: está colmada de emociones y colores. El establecimiento es antiguo, pero se mantiene a pesar de los años. El color amarillo y las paredes pintadas es lo primero que observamos. Si detenemos la mirada encontramos un parque de juegos, una cancha de fútbol y salas de juegos. Ayres de Esperanza es una asociación cuyo objetivo principal es ayudar a mejorar la calidad de vida de niños y adultos de bajos recursos del Barrio Salas (Del Viso, partido de Pilar), a través de la educación, la salud y la espiritualidad. Desde el 2013 aplican la metodología de la Fundación CONIN (Cooperadora para la Nutrición Infantil), creada por el Doctor Abel Albino, cuyo lema es “Luchar y quebrar la desnutrición infantil”.

El miércoles 17 de abril, como todos los miércoles, alrededor de 25 niños junto a sus madres fueron recibidos en CONIN. Los voluntarios, de distintas edades, abrieron las puertas de la fundación a las 13 para recibirlos con una sonrisa. Los niños corrieron y abrazaron a Camila, voluntaria de CONIN hace 5 años, que los tomó con cariño e ingresaron a las salas,cada una representada por un color según el taller que se realiza allí).
Las familias ingresaron a la sala de estimulación integral (sala rosa), los voluntarios tomaron lista y derivaron a cada uno a su actividad. Los niños son menores de 5 años y tienen deficiencias nutricionales, siendo condición básica de ingreso a la fundación, por ese motivo son recibidos con almuerzos nutritivos, el menú del ese día fueron fideos. Los niños reciben estimulación integral para favorecer su desarrollo, tanto fonoaudiológico, psicopedagógico, nutricional y jardín maternal e infantil. “El amor y atención integral del niño en la primera infancia son los pilares fundamentales para su vida futura”, afirmó Carolina Arroyitos, coordinadora del Día Conin en Ayres de Esperanza.
A las 15 las madres fueron las protagonistas, ingresaron a la sala verde y recibieron un taller de hábitos alimentarios. Lucía es una de las madres solteras que asiste semanalmente a la fundación. Las mujeres que ingresan al programa de CONIN cuentan con diversos talleres: uno de ellos es de alfabetización. Este año Lucía finaliza la primaria. Ella vende flores en la calle y todos los miércoles viaja dos horas junto a sus tres hijos para que sean atendidos en el Centro de Prevención de CONIN, ya que sufren de desnutrición. “Mi sueño es superarme y brindarle una mejor vida a mis hijos”, afirmó la joven mujer con lágrimas en los ojos.

En el momento en el que las madres ingresaron a los diferentes talleres, simultáneamente se produjeron reuniones personalizadas. Las familias fueron atendidas por los especialistas en los consultorios, tanto en temas de nutrición, pediatría y estimuladores. Los especialistas evaluaron cada caso de manera particular, realizaron educación de manera individual y con indicaciones precisas. Por otro lado, los niños fueron atendidos por los especialistas, los doctores tomaron nota de la disminución como también el aumento de peso de cada pequeño paciente. Minutos después de haberlos recibido y atendido cada uno fue a su actividad o taller.
Alrededor de las 16, antes de retirarse; las madres, niños y personal ordenaron y limpiaron las salas. Felipe, Juan y Gabriel no querían irse; se sujetaron del delantal de una de las voluntarias, sabían que hasta dentro de una semana no volverían a verla. A su vez, Lucas (5 años) sostuvo a su hermano, Felipe, e intentó tranquilizarlo: “Volvemos dentro de unos días, no te preocupes”, le decía mientras lo abrazaba. Los demás niños se fueron con una sonrisa en su cara, especialmente las madres quienes tenían un bolsón alimentario, preparado según la indiciación de los nutricionistas.

“De cada 50 niños y mujeres que llegan al centro 45 son indigentes. Y el 100% de los atendidos viven en un entorno familiar violento y promiscuo, agravado por el alcoholismo”, lamentaron los directivos de CONIN. Es por esto, que el labor de los voluntarios se vuelve fundamental, ellos no solo cuidan a los niños alimentándolos, sino también dándoles amor y cuidado.



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