Diabetes: la enfermedad silenciosa
- Clara Andersch

- 31 may 2019
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 17 jun 2019
HÁBITOS ALIMENTARIOS Y SUS RIESGOS
El mal procesamiento de la insulina es condición de uno de cada 12 habitantes de América. Tiene cura, pero la detección tardía puede tener consecuencias irreversibles.
Por M. Clara Andersch
La madre de Jimena Bello fue diagnosticada con diabetes a sus 38 años. Ello, sumado al hecho de que su padre también padece la enfermedad la llevaron a buscar un diagnóstico. Este es el tercer año en el que Jimena no se realiza estudios porque, a diferencia de sus padres, no padece de ningún síntoma: no se despierta a la noche con sed ni va repetidas veces al baño.
El cambio de hábitos de la familia Bello ayudó a prevenir que las hijas más jóvenes contrajeran diabetes. Ellos dejaron el azúcar y ya no salan la comida, pero no muchas familias tienen esa predisposición. Esto explica que la diabetes se haya convertido en una epidemia a nivel mundial. Según estimaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud) en América uno de cada doce habitantes sufre diabetes.
Graciela Ascar, María L. Aparicio, Laura Ascar, Cristina Beatriz Huespe y Mercedes Hernández descubrieron que gran parte de la población afectada aún no ha sido diagnosticada. Su estudio Riesgo de diabetes mellitus de tipo 2 como indicador de desigualdad social, publicado en la Revista Medisan, hace hincapié en la educación alimentaria y las medidas preventivas.
“La base social de todos estos condicionantes catalogan a la DM2, cada vez con más evidencia, como una enfermedad social”, concordaron las investigadoras.
La mayoría de los casos de diabetes podrían prevenirse a través de estrategias de prevención comunitaria y seguimiento personalizado de los pacientes. Las investigadoras aseguran: “Deben implementarse políticas públicas, a nivel central, en las que se desarrolle un plan estratégico que tenga la atención primaria de la salud, como eje de la gestión”.
Este año, el gobierno difundió un listado con los 64 productos esenciales que componen la canasta básica. Este cambio supone la incorporación de alimentos más nutritivos. En un principio esto ayudaría a los diabéticos, de hecho, Graciela Ascar asegura que la composición de hidratos de carbono, proteínas y fibras es equilibrada. El problema es que no hace ningún tipo de discriminación en relación a la proporción en que se deben incorporar con la dieta los productos.

La causa de una dieta deficiente no solo se debe a la falta de acceso a la información en salud. Serena Perner, epidemióloga del CONICET, asegura que las personas con un nivel socioeconómico más bajo difieren en sus comportamientos saludables, puesto que no realizan deportes, y su acceso a los alimentos más nutritivos es distinto.
“Educar a las generaciones nuevas para que se constituyan en agentes de salud, en el medio en el que se desarrollan, puede ser una estrategia para revertir las problemáticas recurrentes en materia de salud”, afirma Ascar.
Aunque lo que se propone es un desafío, muchos se reúnen debajo de esta bandera. Asociación del cuidado de diabetes en Argentina (CUI.DAR), por ejemplo, ofrece programas y actividades para los afectados y sus familias.



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