El carrito rojo le da de comer a los empleados de las fábricas
- Matías Bal

- 26 abr 2019
- 3 Min. de lectura
Habitos alimentarios en fábricas
Cuando el tiempo y las opciones no abundan, los empleados del Parque Industrial Tortuguitas buscan alimentarse rápida y económicamente.
Por Matías Bal.

(MB).
Todos los mediodías, cientos de empleados salen hambrientos del Parque Industrial Tortuguitas. Sus alternativas para almorzar son limitadas, al igual que el tiempo que sus jefes les otorgan para hacerlo. Por fortuna, hay un lugar al costado de la ruta que los recibe con precios baratos a pesar de la crisis económica que atraviesa el país. “El carrito rojo” es el único lugar en los alrededores que ofrece un menú económico de diferentes cortes de carne a la parrilla. “Hace cinco años que estamos acá, somos los única parrilla a la que acuden los empleados de las fábricas. A veces se instalan parrillas ambulantes en los alrededores, pero la municipalidad los saca porque tienen varias irregularidades, no cumplen con los requisitos para vender comida”, comentó Eduardo, cocinero de este lugar.
El martes 23 de abril, al igual que todos los días, Eduardo y Daniela, la otra cocinera, abrieron sus puertas a las 9, más bien, abrieron el gran ventanal para atender a los clientes desde adentro, como si se tratara de un “food truck”. Comenzaron los preparativos, Eduardo sacaba las pocas mesas y sillas para ponerlas en la vereda, mientras que Daniela baldeaba el piso. Luego, entraron y prepararon la comida. Eduardo cortaba la carne, Daniela hacía lo mismo con los vegetales. “¡Cuidado!”, le gritó el cocinero a su compañera, el carbón empezaba a largar chispas. Las bebidas, que las había traído el proveedor temprano por la mañana, ya estaban en la heladera, abundaba el agua sin gas y la coca. Las salsas y las servilletas se encontraban acomodadas prolijamente en la barra, y el freezer, repleto de carne. Eran las 11:25 cuando el primer operario de una de las fábricas llegó. Era un mecánico de Car One que pidió dos empanadas fritas de carne para llevar. “Tengo una jornada de 8 horas, o a veces más, si no me traigo comida de casa, como acá”, explicó el hombre.
Pasó una hora y atendieron a algunos clientes. A las 13 la parrilla estaba repleta de carne. Bondiola, lomo, chorizo y carne de hamburguesa. Algunos cortes más jugosos que otros. El olor era muy intenso, similar a olor del domingo al mediodía en familia. Llegó un grupo de cuatro empleados de la empresa Steel Plastic S.A, saludaron al cocinero con confianza y todos ordenaron lo mismo, sanguche de bondiola. Comieron y rieron durante poco menos de una hora, y luego regresaron al trabajo. “Venimos acá todas las semanas, es económico y se come muy bien. Hoy en día, no es fácil encontrar algo así por esta zona”, comentó uno de los señores.
Pasaron las horas y los clientes. A las 15:30 ya no quedaba nadie. La jornada no fue tan buena como se esperaba, pero Eduardo no pareció preocuparse demasiado: “La crisis económica afectó a nuestros clientes, evidentemente, hoy vendemos casi la mitad que hace algunos meses”, explicó. Unos minutos más tarde, los dos empleados estaban por finalizar la jornada. Aprovecharon la calma y la falta de trabajo para cebar unos mates y distenderse. Esperaron un rato para ver si podían vender algo más. Guardaron los ingredientes en las heladeras y limpiaron el interior del lugar. Siempre dejan carbón hasta el final, por si aparece algún cliente nuevo. Limpiaron las mesas, las guardaron y, finalmente, tiraron el carbón restante. A las 17 cerraron el ventanal. Otro día de trabajo, otra lucha por llegar a fin de mes. Pero ambos guardan sus esperanzas para el viernes, día de la semana en el que más trabajan, ya que muchos empleados se dan el gusto y salen a almorzar todos juntos.

(MB).



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