top of page

La obesidad aumenta en los grupos vulnerables y se vincula con la calidad de vida

  • Foto del escritor: Valu Borlenghi
    Valu Borlenghi
  • 31 may 2019
  • 2 Min. de lectura

El impacto de la comida

El estilo de vida, la diferencia alimentaria y la dieta está afectada por las costumbres, los gustos y el contexto socioeconómico.

Valeria Borlenghi


La obesidad es considerada una epidemia que acrecentó durante los años, así lo afirma la Organización Mundial de la Salud. Impacta en los sectores vulnerables y allí, prevalece la malnutrición y la carencia de micronutrientes. Está vinculada con las condiciones de vida, la alimentación inadecuada, la disminución de la actividad física, el consumo de tabaco y del alcohol.

En agosto del 2018 se publicó el artículo en la revista ConCienciaSocial, de la Universidad Nacional de Córdoba, llamado “Alimentación y salud: aportes para la construcción de estrategias de nutrición comunitaria en grupos en situación de vulnerabilidad”. Las investigadoras, Viviana Castaño Gómez y María Daniela Cormick, elaboraron un diagnóstico alimentario-nutricional de la población en situación de vulnerabilidad, de la Villa 21-24, Núcleo Habitacional Transitorio Zavaleta, sur de la Ciudad.


La muestra fue observacional descriptiva, con enfoque mixto cualicuantitativo (V.B)

La investigación reveló la elección de alimentos, bebidas, productos, preparaciones, valoraciones y dificultades. Se arrojaron distintos índices con respecto a la obesidad y el sobrepeso.

Obesidad y sobrepeso de la población por grupos etarios (V.B)


Los entrevistados mencionaron que su dieta, compuesta por fideos arroz y pan, era lo habitual. Asimismo, comentaron que el guiso era la preparación más elegida debido a la sensación de saciedad, el bajo precio, el rendimiento y la variedad de ingredientes. Patricia Aguirre, antropóloga especialista en alimentación, y colaboradora del artículo, comentó que prima el consumo de hidratos y grasas. Aquellos ingredientes rinden por el precio, llenan y gustan. Hacen que se repita la comida, y provoca dietas pobres, sin nutrientes necesarios y con excesos. Por lo tanto, los sectores de menores ingresos se sitúan en una situación crítica desde el punto de vista nutricional.


La investigadora, Viviana Castaño Gómez, explicó que las decisiones alimentarias no solo están determinadas por la propia voluntad, sino que también involucra al Estado que no garantiza los derechos sociales fundamentales. Es decir, las personas no tienen una mala alimentación solo por sus “malas decisiones individuales”.


Se demostró a su vez en la investigación, que hay un bajo consumo de frutas y verduras. Eligen verduras que generan mayor saciedad y rendimiento (papa, mandioca, zapallo). A pesar de que sean conscientes de precios accesibles a otras frutas y verduras, su consumo lo condiciona sus costumbres, gustos y deseos. Además, en cuanto a los productos procesados y ultraprocesados, las bebidas industriales fueron las favoritas.


Los habitantes de la Villa 21-24 demostraron no tener una dieta variada, por lo que sus condiciones de salud son distintas en comparación a las de personas de otros estratos sociales. No comen lo que quieren, comen lo que pueden. No cuentan con una amplia incorporación de alimentos funcionales (beneficiosos para el organismo, ya que mejoran la salud y reducen el riesgo de contraer enfermedades) tales como: tomate, brócoli, pescado, leche, entre otros.

Los entrevistados demostraron no consumir todos los alimentos funcionales (V.B)

El análisis evidenció que hay una elección y preferencia de productos procesados y ultraprocesados y no hay una problematización en cuanto a su consumo. Las elecciones de los alimentos apelan a lo económico, los déficits de infraestructura, urbanización, ingresos insuficientes, inestabilidad/precariedad laboral y el costo de productos frescos, son un limitante.


Para más información sobre guía de alimentación en escuelas y familias: https://www.buenosaires.gob.ar/sites/gcaba/files/alimentacionsaludableguia.pdf

Comentarios


bottom of page