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Mirtha Valenti: “Trabajé en multinacionales, pero me jubilé para ayudar a indigentes”

  • Foto del escritor: Agustina Torino
    Agustina Torino
  • 5 abr 2019
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 12 jun 2019

20 años después de estudiar Administración de Empresas y ejercer su título, Valenti

encontró su verdadera vocación: ayudar a personas en situación de calle.


POR AGUSTINA TORINO



“En el comedor recibimos personas con vidas muy duras, adictos, presos e individuos que cometieron grandes crímenes”, afirmó Valenti. (AT). Juliana Pintos junto a la licenciada Mirtha Valenti.

En 1995 las hermanas de la parroquia Santísimo Redentor fundaron el comedor Madre Camila para recibir a deambulantes que recorrían las calles de Buenos Aires en busca de ayuda a sus necesidades básicas, especialmente alimentos. Dos años después, el 24 de junio de 1997, aterrizaba en la ciudad Mirtha Valenti. Amante de la administración, cuenta que quería seguir estudiando y trabajando. Pero, su interés humanitario floreció al conocer el comedor y su vida se dirigió hacia actitudes y comportamientos menos lucrativos y más generosos, pensando en ayudar.


Mirtha Valenti habla lento porque elige cada palabra con extremo cuidado, mira a sus colaboradores ratificando sus dichos y mueve sus manos mientras habla. “Vivimos en una sociedad injusta con situaciones disparejas, esa fue una de las razones para involucrarme en este tipo de programas”, confesó la colaboradora.

Estudió Administración de Empresas en la Universidad Católica, trabajó en empresas multinacionales que se ajustan a un modelo capitalista. Gran parte de su vida vivió en Estados Unidos, pero la muerte de su padre provocó su regreso a la Argentina. “Vivir la muerte tan de cerca cambió mi manera de pensar, y empecé a ayudar a los más necesitados”, afirma Valenti. La auxiliar eligió generar un pequeño cambio en la sociedad ayudando al otro, por sobre su propia estabilidad económica. Meses después, conoció el comedor y comenzó a dedicar su tiempo libre a lo humanitario y religioso. En 1998 junto a la parroquia y hospital público de la ciudad crearon el Servicio Interparroquial de Congregaciones religiosas, un programa de salud que brindaba un hogar de tránsito para los más necesitados. Valenti trabajó durante 11 años con instituciones religiosas, sacerdotes jesuitas y Cáritas. A su vez, no solo fue asistente en el comedor de la parroquia Santísimo Redentor, sino también estuvó presente en la comisión directiva de la asociación civil.


“Hoy sé que jubilarme y continuar en la parroquia fue la mejor decisión que tomé en mi vida”, afirmó Valenti con los ojos iluminados.

“Me desplacé de la idea de administración de empresas convencional y me di cuenta que podía administrar personas”, admitió la colaboradora. También asegura que la compensación más poderosa que sintió fue al ayudar a otro. “Sentís alegría, libertad y gratificación”, confesó Valenti dejando escapar una mueca pequeña.

Mirtha Valenti a sus 82 años se encuentra con las condiciones físicas renovadas de esperanza, “me jubilé con felicidad para dedicar tiempo completo al comedor” sostuvo la valiente mujer. También confesó que le dio una gran liberación poder jubilarse a pesar que, si pensaba en su economía, no le convenía.


Valenti afirmó que la idea del comedor surgió por las hermanas de la parroquia. Ellas alimentaban a personas en situación de calle que hacían una fila frente a la iglesia y les brindaban alimentos. También afirmó que el programa fue evolucionando, actualmente la idea no es solo brindar un plato de comida, sino también trabajar la dignidad que tiene cada ser humano. Junto con las hermanas de la parroquia realizan talleres de catequesis, cerámica, ajedrez y arte terapia con el hospital clínico.


“Antes creía que era feliz con dinero y viajes”, confesó con culpa Valenti.

Por último, asumió la responsabilidad y confesó que tanto a sus hijos, como a sus nietos les inculcó el ayudar. “Ellos vieron mi vocación desde siempre, no los obligo a ser voluntarios”, sostuvo la ayudante. También reiteró que ellos respetan mucho su trabajo de voluntaria, lo admiran. Tanto sus tres hijos como sus seis nietos trabajan de voluntarios en diversos programas sociales. La auxiliar es una inspiración para todos, “ayudar es mi vida, llego al comedor con una sonrisa y me voy más feliz porque sé que una parte de mi hizo un pequeño cambio”, concluyó Mirtha Valenti.


El comedor Madre Camila atiende 70 personas a diario. Junto a Cáritas brindan desayuno, almuerzo y duchas. (AT)

Audio de Mirtha Valenti



1 comentario


Cátedra Géneros
Cátedra Géneros
21 abr 2019

Hola, Agustina.

Bien tu foto, me da pena por los que rehúyen la lente...

¿No hay enlaces?

Muy bien el audio, buena calidad. Ojo, que con el audio me fui de tu perfil. Habría que ver la forma de que se oiga allí mismo, o que abra en otra ventana.

En vez de que diga "Audio de MV", podés anticipar algo en un título. 7.5

El resto de las observaciones está en el texto.

Saludos, marita

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